Carrascal Boca Abajo – Novela negra sudaca

12 Dic, 2020

Si algo provoca la novela de Claudio Rodríguez, casi desde las primeras páginas, es un deseo casi irrefrenable de comprobar cuánto de lo que relata es real, y cuánto inventado. Con cada personaje nuevo, con cada situación, me carcomían los dedos para conectarme a la red y buscar referencias.

Lamentablemente sabemos poco de esa época, a menos que le dediquemos el tiempo a realizar lo que todo periodista hace en su día a día: reportear. Y la novela de Claudio exuda reporteo intenso por todas partes. Lo imagino sumergido en el subterráneo de la biblioteca nacional, leyendo cuanto diario de la época estuviera disponible, o sentado en una de esas sillas de madera pulidas con barniz café de la biblioteca el congreso, apoyando un tomo gigantesco de diarios encuadernados en sus largas mesas negras (sí, yo también pasé por eso en algún momento). Y como buen narrador, lo presenta de una forma amena, casi casual, permitiendo que sus personajes construyan el mosaico que es “Carrascal boca abajo”.

En un principio pensé que era una crónica histórica. Luego, que era un delirio de alguien que estaba saturado de información y debía sacársela del cuerpo. Pero ahora me doy cuenta que es una novela negra, en la tradición de Hammet y Chandler, pero con identidad propia y sin detectives heroicos. Dos crímenes, una trama política, el caos de un país tercermundista entre guerras, una institución corrupta, y ante todo, la humanidad de sus protagonistas.

Porque si hay algo que le diferencia de las máquinas amorales, efectivas y cínicas del género policial, es que Claudio opta por transmitir una humanidad de base a todos sus personajes, quienes actúan pensando que hacen lo mejor, aún cuando cometan las estupideces y aberraciones mas grandes. Esa vulnerabilidad, dudas e incluso una pervertida forma de ternura, está presente en todos los personajes que presentan su punto de vista. Porque no se engañen: en este juego del gato y el ratón, cada personaje cuenta su punto de vista, que no es necesariamente el verdadero, y es misión el lector el encajar las piezas.

Por otra parte, no puedo dejar de sentir que leí esta novela en el mejor momento posible. Una época tan lejana resuena casi como si estuviera ocurriendo el día de hoy, donde la misma institución ha demostrado que no está tan lejana a su versión de 1932. Puede ser una novela difícil si no se aborda con la atención y la voluntad de ser cómplice con el autor, de jugar su juego y desenmarañar la trama. Pero la recompensa vale la pena. Una novela negra sudaca, coral, sucia, sin concesiones, pero paradójicamente, compasiva.