Carrascal Boca Abajo – Novela negra sudaca

Carrascal Boca Abajo – Novela negra sudaca

Si algo provoca la novela de Claudio Rodríguez, casi desde las primeras páginas, es un deseo casi irrefrenable de comprobar cuánto de lo que relata es real, y cuánto inventado. Con cada personje nuevo, con cada situación, me carcomían los dedos para conectarme a la red y buscar referencias.

Lamentablemente sabemos poco de esa época, a menos que le dediquemos el tiempo a realizar lo que todo periodista hace en su día a día: reportear. Y la novela de Claudio exhuda reporteo intenso por todas partes. Lo imagino sumergido en el subterráneo de la bilbioteca nacional, leyendo cuanto diario de la época estuviera disponible, o sentado en una de esas sillas de madera pulidas con barniz café de la biblioteca el congreso, apoyando un tomo gigantesco de diarios encuadernados en sus largas mesas negras (sí, yo también pasé por eso en algun momento). Y como buen narrador, lo presenta de una forma amena, casi casual, permitiendo que sus personajes construyan el mosaico que es “Carrascal boca abajo”.

En un principio pensé que era una crónica histórica. Luego, que era un delirio de alguien que estaba saturado de información y debía sacársela del cuerpo. Pero ahora me doy cuenta que es una novela negra, en la tradición de Hammet y Chandler, pero con identidad propia y sin detectives heroicos. Dos crímenes, una trama política, el caos de un pais tercermundista entre guerras, una institución corrupta, y ante todo, la humanidad de sus protagonistas.

Porque si hay algo que le diferencia de las máquinas amorales, efectivas y cínicas del género policial, es que Claudio opta por transmitir una humanidad de base a todos sus personajes, quienes actúan pensando que hacen lo mejor, aún cuando cometan las estupideces y aberraciones mas grandes. Esa vulnerabilidad, dudas e incluso una pervertida forma de ternura, está presente en todos los personajes que presentan su punto de vista. Porque no se engañen: en este juego del gato y el ratón, cada personaje cuenta su punto de vista, que no es necesariamente el verdadero, y es misión el lector el encajar las piezas.

Por otra parte, no puedo dejar de sentir que leí esta novela en el mejor momento posible. Una época tan lejana resuena casi como si estuviera ocurriendo el día de hoy, donde la misma institución ha demostrado que no está tan lejana a su versión de 1932.

Puede ser una novela dificil si no se aborda con la atención y la voluntad de ser complice con el autor, de jugar su juego y desenmarañar la trama. Pero la recompensa vale la pena.

Una novela negra sudaca, coral, sucia, sin concesiones, pero paradójicamente, compasiva.

Carrascal boca abajo Book Cover Carrascal boca abajo
Claudio Rodríguez Morales
Chile
DAS KAPITAL EDICIONES LTDA.
2016
279

Claudio Rodríguez Morales debuta en la novela "Carrascal boca abajo" con un texto movedizo, exigente, de gran intensidad, que está motivado por uno de los impulsos esenciales de la literatura: la invocación a los fantasmas que pueblan los espacios de la ciudad.

Tanto la invocación como las múltiples respuestas de esos espectros del pasado resultan fascinantes, porque el novelista logra transformar la narración en una aventura del lenguaje, tanto en el contenido como en la forma.

La reproducción minuciosa del mundo perdido que evoca, ese Santiago mutante de un siglo veinte ya maduro, ya asentado en su vorágine, no es sólo un afán paleográfico, sino al mismo tiempo la manifestación de un entrevero con la memoria histórica.

El desfile de nombres asociados con personajes históricos reales no es sólo
arqueología periodística o artística, sino un acercamiento al misterio inexpugnable, al desafío de tiempos perdidos que porfiadamente vuelven a manifestarse.

La materia de la Historia (nebulosa, desgarrada, perdida, apenas vislumbrada, oculta) se convierte, en esta novela, en materia narrativa que se hace presente en la voz de un narrador que está consciente de que esa voz es provisoria, que habla desde un estrado bajo asedio de la violencia y del ridículo, pero que a pesar de ello quiere dar cuenta de lo que vislumbra.

Claudio Rodríguez Morales muestra, en una alegoría penetrante, que el golpeteo de teclas sigue estremeciendo una fantasmagórica casona de la calle Amunátegui, desvencijada casa de nuestro pasado y de nuestros fantasmas.

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