Bioware: programas que controlan al cuerpo

Bioware: programas que controlan al cuerpo

Un software es un código -escrito por un programador- que le indica a un computador que haga algo. Por ejemplo, el browser que usas para navegar por internet es un software. Internet es producto de la interacción de distintos softwares que conversan entre ellos. El sistema operativo de tu equipo y los programas que usas son softwares.

Los softwares pueden funcionar a distintos niveles. Por ejemplo, las páginas web son software, en el sentido de que son código. Pero ellas no actúan por sí solas. En realidad son un lenguaje de marcado que es interpretado por tu navegador. En términos biológicos, sería como las letras que estás leyendo. Los símbolos son captados por tus ojos y luego son traducidos e interpretadas por tu cerebro. En el ejemplo de las páginas web, ellas son los códigos, y el navegador es el traductor y el intérprete.

Existe un segundo nivel de software que permite interactuar con dispositivos de entrada (mouse, teclado, micrófonos, cámaras de video, entre otros). Por ejemplo, el procesador de textos o la planilla electrónica de todos los días. Con ellos puedes crear archivos y contenidos, pero para que funcionen, debes instalarlos. Estos programas residen en la máquina y se entrelazan con ella.

Podemos encontrar algunos programas que son mas profundos, pues conversan directamente con el hardware (los fierros) de tu computador. Estos programas permiten encender luces, prender o apagar la pantalla, controlar su nivel de brillo, emitir sonidos y mucho mas. Pueden alterar la velocidad de lectura del disco duro, o incluso destruirlo (si quien lo programó así lo desea).

El concepto de bioware está íntimamente relacionado con el software. Funciona igual, sólo que en lugar de trabajar con hardware hecho de plástico, silicio y metal, lo hace con organismos vivos.

Un bioware, entonces, es un programa que permite que un organismo biológico haga algo que el programador decidió que hiciera.

Pero ¿cómo se programa un organismo vivo?

Para encontrar una respuesta, primero necesitamos saber cómo un organismo sabe lo que debe hacer.

Podríamos hablar del cerebro, pero incluso los organismos sin sistema nervioso central tienen imbuidas sus instrucciones para crecer y reproducirse. ¿Que es lo que contiene la información que le dice a las partes constituyentes del organismo cuál es su ciclo vital, cómo debe funcionar y cómo debe crecer?

A estas alturas ya debes saber la respuesta: a través de ADN. Es el ADN el que contiene el mapa, y está alojado en cada célula del organismo.

Entonces ¿cómo programo un organismo? ¡Fácil!

Altera su ADN.

Pero ¿Cómo lo hago?

En este momento, a través de la nanotecnología.

La Nanotecnología: pequeño, muy pequeño

La nanotecnología es la tecnología que trabaja con materiales y estructuras de tamaño de átomos. Su magnitud se mide en nanómetros (de ahí el nombre), lo que equivalen a la milmillonésima parte de un metro. Es decir, menor a la décima parte de un metro dividido en un millón.

Pequeño. Muy pequeñito.

Con estos materiales tan diminutos se puede crear lo que se nos ocurra.

 

Nanotecnología y Bioware

Según las relaciones públicas, la nanotecnología está enfocada en hacer el bien. Por ejemplo, se ha experimentado con una cura al cancer haciendo que nanomateriales se “peguen” a genes claves en su replicación, alterando su forma y logrando así impedir que se reproduzcan. También se utilizan como biomarcadores para detectar enfermedades latentes, o para medir el estado del paciente (por ejemplo, ya existe un chip que se puede incrustar dentro de una célula y que mide la presión intracelular).

Pero ¿qué impide que la nanotecnología provoque un gran desastre? Estamos hablando de máquinas que harán lo que hayan sido programadas para hacer… y por el lado de los programadores, pueden ocurrir desastres. Y no necesariamente por maldad, sino por negligencia, inconsciencia o simple y llana estupidez.

Existe una novela llamada “La Plaga” (en realidad una trilogía), de Jeff Carlson, donde un extraño virus mata a toda la gente que se encuentra por debajo de cierta altura. Sólo se salvan quienes están en montañas o sitios muy altos. Pero el culpable no es un virus, sino miles de millones de robots a escala nanométrica que funcionan hasta cierto grado de presión atmosférica.

Este escenario no es descabellado. En este momento se ha experimentado con la reescritura de código genético, la locomoción de máquinas dentro del cuerpo humano a través de la sangre, la liberación de sustancias utilizando marcadores químicos, e incluso la inhibición de la reproducción de bacterias y virus al destruir sus secuencias de ADN y ARN. Es más, se está trabajando en lograr que bacterias reproduzcan nanopartículas, transformándolas en verdaderas fábricas biológicas.

Y si esto no es suficiente, la NASA trabaja en la creación de células artificiales, donde el proceso de programación debiera ser mas simple que al alterar organismos biológicos ya existentes.

Y todo lo que he contado es lo que se sabe públicamente. ¿Qué puede estar pasando en laboratorios privados, con acceso a grandes recursos y sin tener que dar cuenta a nadie de la ética de su trabajo? ¿Qué puede pasar si se juntan muchos medios económicos, falta de escrúpulos, mucha ambición, nanotecnología y la capacidad de programar lo que ocurre dentro del cuerpo usando bioware?

Espero que “Vórtice” no sea la respuesta.

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